Alto al miedo

Hace algunos años, el politólogo norteamericano Francis Fukuyama, publicó un destacado libro “El fin de la historia y el último hombre”, que  es un libro donde expone una polémica tesis: la Historia, como lucha de ideologías, ha terminado, con un mundo final basado en una democracia liberal que se ha impuesto tras el fin de la Guerra Fría.

El “terremoto” que provocó Fukuyama, es parecido no solo como fin y comienzo de una nueva historia, sino con la aparición de otro “enemigo” invisible, sin rostro visible, silencioso y casi astuto, como es el miedo.

En estos tiempos de COVID-19 y cuarentena obligatoria, hasta el próximo 26 de abril (de acuerdo con lo señalado por el presidente Martín Vizcarra) el miedo, se ha apoderado de la mayor parte de la población mundial, ya sea por el creciente número de muertos, y contagiados por el coronavirus.

O la simple posibilidad de contagio, donde todos temen a todos. Unos de otros, y otros del resto. Nadie cree en nadie. Todos nos miramos con recelo, bajo una mascarilla, que simula nuestro miedo, que se ha instalado en nuestra psiquis. ¿Hasta cuándo? No somos magos, menos adivinadores, pero sospechamos que pasarán muchos años. Vivimos con miedo.

No vamos a insistir, sobre las fake news (noticias falsas) que cada segundo aparece en las redes sociales en especial, y gran parte de usuarios, les creen a pie juntillas. Cuando ni siquiera tienen mínimo una fuente creíble, o las  ha  “rebotado” de otro rebote y otro; hasta el fin.

¿Qué hacer frente al miedo? Pues bien, el sentido común, nos indica que el COVID-19 no va a desaparecer el próximo 26 de abril; o a fin de años, seguirá muchos años, como el VIH, la fiebre porcina, el dengue, la TBC, y tantas enfermedades que hasta el momento no son erradicadas.

Debemos aprender a no convivir con el miedo. A hacerle frente y de frente rechazar a los agoreros, las fake news, los falsos argumentos; porque el COVID-19 no se irá por arte de magia, sino cuando nos quedemos en casa. Cuando nos lavemos una y otra vez las manos. Cuando seamos responsables, con uno mismo. Luego con el resto de la sociedad.

El miedo es peligroso, porque paraliza; sin embargo, debemos seguir avanzando y entender que el mundo ha cambiado, y debe comenzar una “nueva historia” como dice Fukuyama. Por consiguiente, debemos aprender a vivir con más responsabilidad, con uno mismo, con la familia, con la sociedad, y con el mundo entero.

Miedo por responsabilidad, es lo mejor, pero si bien comienza como una tarea individual, luego es local, luego nacional y finalmente; porque la vida sabemos cuando comienza, pero nunca cuando termina.

¡Alto al miedo!, no solo debe ser una consigna, sino una forma de enfrentar el presente, sin olvidar nunca el pasado (por más duro que haya sido) y enrumbar al futuro, con optimismo y confianza. Nada más.

La Directora

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