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Fomento, inversión y emprendimiento, ejes al cambio sostenible

¡Que no nos aborde aún el pesimismo crónico!

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), organismo de la ONU, reafirma la disposición para América Latina y el caribe a afrontar políticas que generen mayor caudal innovador para las energías limpias.

Si bien existen planteamientos que divergen entre la puesta en práctica de los órganos que ejercen la ejecución, nuestro panorama pinta constructivo si tomamos las fases como un planteamiento social y ambiental que apueste por la innovación tecnológica.

Los emprendedores aquí tienen una fuerza en su cadena de valor pues el eje del reciclaje es importante ya que en las regiones aún se necesita más fuerza del sector privado.

Generar emprendimientos a base de este eje es fundamento social pues el papel, cartón, vidrio, plástico PET, plástico duro, tetra-pak, metales y residuos eléctricos y electrónicos-RAEE que se vierten a torrenteras, vertederos de basura, son recursos reutilizables para una cadena de producción, con técnicas que apunten a la economía circular, a la par que refrescan un futuro sostenible generando empleos.

Esto a la larga debe dejar solo de ser tendencioso para convertirse en una industria fuerte y sólida. 

La Estrategia Nacional ante el Cambio Climático (ENCC) donde las proyecciones se tienen hasta el 2050 y donde los planeamientos multipolares que se toman por organismos internacionales dan estrategias para la formulación de políticas de contención, son disputas en la política interna de gran envergadura, como el acuerdo de Escazú.

En su forma más básica, una economía verde sería aquella que tiene bajas emisiones de carbono, utiliza los recursos de forma eficiente y es socialmente incluyente. En una economía verde, el aumento de los ingresos y la creación de empleos deben derivarse de inversiones públicas y privadas destinadas a reducir las emisiones de carbono y la contaminación, a promover la eficiencia energética, así como en el uso de los recursos, y a evitar la pérdida de diversidad biológica y de servicios de los ecosistemas. (PNUMA, 2011. Hacia una economía verde: Guía para el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza - Síntesis para los encargados de la formulación de políticas, pp 9)

El cambio de una estructura económica, arraigada a un concepto distinto de la economía tal y como la conocemos por sus valores de consumo excesivos, plantean un paradigma distanciado de una realidad peruana rumbo al continuismo programático en muchos sectores industriales.

Los indicadores económicos convencionales, tales como el PBI, ofrecen una imagen distorsionada del rendimiento económico, pues no reflejan el agotamiento del capital natural ocasionado por la producción y el consumo. (PNUMA, 2011. Hacia una economía verde: Guía para el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza - Síntesis para los encargados de la formulación de políticas , pp 12)

El cierre al círculo vicioso del plástico es una muestra de aquello que deriva la presunción de los desastres ecológicos, pues según cifras del MINAM por cada habitante peruano se usa 30kg aprox.  de plástico al año.

Generan también fuertes componentes de inserción laboral, emprendimientos de recolección con la gran cantidad de basura reutilizable es una opción que a la par de generar utilidades, dispone de una capacidad técnica de mejora social.

La infraestructura ecológica es un punto clave, esta también concerta   y planea un cambio en sectores hídricos, arquitectónicos urbanísticos y fomenta la relación cultura, psicología y  estética.

Pues el tejido urbano por el crecimiento poblacional en las ciudades, hace que el lazo mantenga un espectro de arborización de gran alcance a cargo de los municipios, universidades, empresa privada y sociedad civil, siendo un esfuerzo multisectorial y multinivel.

Retroalimentar los conceptos que son clave para el perfeccionamiento del desarrollo sostenible, no es contraproducente para los caminos de sostenibilidad económica en materia macroeconómica.

El preludio está en ponerlo en la agenda política a una mayor escala, del tratado a la práctica.

Para enverdecer la agricultura se requieren activos de capital físico, inversiones financieras, investigación y desarrollo de capacidades dentro de cinco áreas fundamentales: Gestión de la fertilidad del suelo; utilización más eficiente y sostenible del agua; diversificación de cultivos y ganado; gestión biológica de la salud de plantas y animales; y, un nivel de mecanización agrícola apropiado. (Hacia una economía verde, pp 15)

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